Continuamos nuestro camino tras el refrigero, pero esta vez en el autobús, para visitar la casa del Mitreo (que no era el dueño de la casa). Una gran casa romana llena de mosaicos
Aunque aquí tardamos poco porque el calor apretaba de lo lindo…Nos fuimos a comer a la sombra del Guadiana y bajo el puente romano
Y pasamos por la escultura de la Loba Capitolina, símbolo de la fundación de Roma y regalo de Roma a Mérida. En la inscripción se puede leer:
“La ciudad de Roma a la ciudad de Merida, ayer Augusta Emerita. 20 junio 1997”
Desde la rotonda, la loba sigue vigilando el puente y el río Guadiana…Tras el paseo por la ciudad nos refugiamos en el precioso Museo de Arte Romano de Mérida. El edificio es imponente y, tras la explicación sobre el trabajo, nos pusimos a trabajar como verdaderos arqueólogos y arqueólogas. Se trataba de ir descubriendo la situación, el uso y los materiales de las piezas de nuestro cuadernillo.
Sí yo fuese directora, ayudante o vigilante en un museo y viera cómo un grupo de niños y niñas se mueven por el espacio con respeto e interés, me habría acercado a felicitarles. No debía pensar igual alguna de las vigilantes que no perdió ocasión para llamarnos la atención sin motivo.
¡Y aún así, logramos descubrir todas las piezas!
Ya solo nos quedaba el acueducto
El cansancio ya iba haciendo mella pero aún nos esperaba la sorpresa final: Un paseo en el tren turístico para recorrer Mérida de forma más divertida y cómoda
Así llegamos hasta el acueducto de Los Milagros
Y así nos despedimos de Mérida, esperando volver muy pronto porque es una ciudad preciosa
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